Si alguna vez has llegado al mostrador con una receta en la cabeza y has salido con la carne equivocada, este artículo es para ti. No todos los cortes de ternera sirven para lo mismo, y elegir bien es la diferencia entre un plato que se deshace en la boca y otro que se queda duro en el tenedor.
Te contamos las claves de tres de nuestros cortes más pedidos: picaña, redondo y morcillo.
Picaña (o tapilla): la reina de la parrilla
La picaña, también conocida como tapilla, procede de la zona superior de la cadera. Es un corte jugoso, con una capa de grasa que la protege al cocinarla y le da sabor. Si te gusta la carne a la brasa o a la plancha, poco hecha por dentro y bien dorada por fuera, este es tu corte.
La vendemos en pieza entera para quien quiera cortarla a su gusto, y también en filetes gruesos o finos, según lo que tengas pensado cocinar.
Redondo: compacta, magra y todoterreno
El redondo es una pieza compacta y magra de la parte trasera del animal, con muy poca grasa infiltrada. Es el corte de siempre para el redondo relleno o al horno, pero también rinde muy bien en filetes empanados o a la plancha si lo cortas fino.
Al tener poca grasa, agradece cocciones lentas o marinados si buscas máxima jugosidad.
Morcillo: el corte para guisos con alma
El morcillo, o jarrete, viene de las patas del animal. Es un corte con más tejido conectivo, así que no es para cocinar rápido: su sitio está en el guiso, el estofado o el caldo lento, donde ese colágeno se deshace y deja un jugo denso y sabroso. Es también la base clásica del ossobuco.
¿Cuál elegir?
Como resumen rápido: picaña para la brasa, redondo para el horno o la plancha, y morcillo para el guiso de cuchara. Si tienes dudas sobre qué corte pedir para una receta concreta, escríbenos: te ayudamos a elegir antes de que hagas el pedido.
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